La pretendida (¡no lo conseguirán!) Fundación Granadina de Arte Contemporáneo (La Granaína a partir de ahora) no es sólo una nueva etiqueta provinciano-electoralista para renombrar al Centro José Guerrero, no es una forma de continuar su discurso y darle un nuevo apoyo aprovechando este momento de transición. Todo lo contrario. Representa un gesto político de lo más estudiado para neutralizar la actividad de un espacio de crítica y disidencia en que muchos ciudadanos nos hemos sentido representados y participantes. En pocas palabras, los políticos han aprovechado este impasse de la renovación de la cesión de la colección para hacer propaganda de una nueva institución y, de paso, intentar destruir las relaciones entre la ciudad y la familia de Guerrero por la vía de calumnias merecedoras de un espacio en debates del corazón, pero no de un discurso político serio. La Granaína puede sonar hasta bien sobre el papel para parte de la prensa y para quien quiera dejarse engañar, pero su implementación (lo sabemos bien) será otro cantar y empecemos a temblar: ¿Recuerdan el CERC (Centro de Estudios y Recursos Culturales) con el que se llenó la boca la Diputación durante meses? ¿Cuántas páginas de prensa ocupó? ¿Qué cantidad de presupuesto movió? ¿Y a alguien le suena hoy que haga algo, que exista siquiera? Nos vemos obligados a recordar que fue el actual presidente de la Diputación, Martínez Caler, quien montó el CERC, eliminando el prestigioso Centro de Investigaciones Etnológicas Ángel Ganivet… lo de hoy se parece inquietantemente a aquel acto de barbarie institucional.
Como han insistido los diferentes colectivos que se han adherido a esta plataforma, hace años que el Centro Guerrero necesita de la creación de una Fundación que permita una trabajo más autónomo, menos dependiente de intereses políticos, con herramientas administrativas e institucionales más profesionales y con mayor libertad de acción. Es, la creación de esta Fundación José Guerrero, el paso natural que muchos esperábamos tras estos diez años de, digamos, prueba (que se ha demostrado profunda maduración), con un estatuto de complicada gestión donde los límites de presupuesto, personal, además de las presiones políticas que han sabido driblar hasta ahora sus trabajadores, dificultaban la tarea.
Por tanto ha llegado el momento de lanzar una nueva consigna. Lo que queremos es salvar el Centro José Guerrero, pero eso sólo puede hacerse desde una Fundación José Guerrero en sustitución de la anunciada Granaína.
La Granaína es un aparato que desarma al Centro Guerrero y le da un abrazo mortal, para asfixiarlo, lo convierte en un CERC, en una Casa de los Tiros, en un museo Casa de los Pisa, en uno de los mil inútiles centros de interpretación, en uno de tantos lugares lúgubres del circuito museístico de Granada. Por eso quienes defendemos lo que el Centro Guerrero ha sido debemos hacerlo buscándole una coraza con garantías para resistir esas acometidas. Tal ha de ser la Fundación José Guerrero, constituida atendiendo al código de buenas prácticas del que se ha dotado la comunidad del arte contemporáneo. ¡La Granaína nace matando pero nace muerta! ¡Viva la Fundación José Guerrero!
Conservamos nuestra web y nuestro nombre como plataforma (Por el Centro Guerrero) pero que nadie olvide que lo que exigimos es la creación de una Fundación. Únete, esta semana se nos va a a oir.



Me han encantado las propuestas de cartelería! son geniales. Hagamos un mocho y copias para inundar la ciudad!!!
sí, sí… ¡yo también quiero ver esos carteles por la ciudad!
Me parece bastante preocupante que se contrapongan en el texto “control político” y “autonomía”. En cualquier tipo de centro con financiación pública deben existir ciertos mecanismos de control o de gestión donde algún representante de la ciudadanía pueda certificar el correcto desarrollo de la actividad que allí se ejerza. Es insostenible que un centro público tenga una gestión 100% privada. Me parece ridículo pensar que el grupo de IU quiera cerrar el Centro José Guerrero para ahogar las voces disonantes que allí suenan. Más lógico parece pensar que la antigua dirección ve peligrar la “autonomía” de la que disponían para poder poner a dedo a cualquiera de sus amiguitos. No confundamos “autonomía” con amiguismo, que no es lo mismo.
Gestión 100% privada no es lo que la plataforma pide.
Gestión 100% política es lo que IU ha IMPUESTO con la aprobación no consensuada del martes 28.
El código de buenas prácticas (firmado por el Ministerio de Cultura en 2007) pide:
20-33% de sociedad civil
20-33% de políticos
33-50% de expertos
Cotarelo dice: Patronato 100% político… ahí lo llevas.