En este período de relativa calma que se está experimentando en las negociaciones entre Diputación y familia, que probablemente no sea más que un retraso al problema irresuelto, la Plataforma Contra el Populismo de las Políticas Culturales quiere mostrar su decidido apoyo y absoluta cercanía a La Casa Invisible, en un momento en que su desaparición es prácticamente inminente.
Se equivocan los políticos que acusan a La Invisible de una asociación ilícita, de una casa okupa, cuando en realidad se trata de una esfera pública sin institución, de una comunidad muy diversa que ha sabido pensar, en tiempos de clonación cutural, el uso político y emancipador del arte y la cultura en los intersticios de la ciudad a escala local. La Invisible representa un centro de arte desde abajo, una nueva institucionalidad que, en tiempos de crisis del sistema del arte en España (el Guerrero es un caso más en la serie a la que se suman Santa Mònica o la Sala Rekalde), está siendo capaz de repensar qué significa una institución cultural.
Nuestros políticas podrían hacer dos cosas: aprender la lección o forzar a su olvido, y el desalojo, cómo no asociado a un Centro de Jóvenes Creadores -¿recuerdan que La Granaína se postulaba como tal también?-, es una política de hechos consumados. El arte emergente, apareciendo incluso como título político de algún que otro Subdirector de Bellas Artes, comienza a ser la herramienta para desactivar la investigación, el activismo y el pensamiento que nos hacer ser individuos más complejos y críticos.
¡Mucho ánimo a todos! Estamos con La Invisible y su ejemplo de gestión cívica y representación horizontal.




Amigos de por el centro guerrero, creo que la prorroga que todos le hemos dado a la diputación empieza a agotarse. Habrá que sacar de nuevo los ejercitos del cuartel de invierno y decirle que no estamos dormidos, sino esperando que resuelvan el problema, pero que vemos que no lo hacen. Este globo sonda que han lanzado para ver como responde el personal tendrá que ser contestado.